ABOGADO DE OFICIO O ABOGADO PARTICULAR

Toda persona tiene derecho a una legítima defensa, sin que en ningún caso pueda producirse indefensión. Todos tienen derecho a la defensa y a la asistencia de Letrado. (…) Así reza el artículo 24 de la Constitución. ABOGADO DE OFICIO.

En consecuencia, en caso de falta de medios económicos todos tenemos derecho a un abogado  de oficio para asistirnos en  cualquier controversia judicial.

Ahora bien, muchos se preguntan si es mejor un abogado de oficio que uno particular, y fundamentalmente les preocupan si el primero articulará con la misma eficacia la  defensa,  que el segundo.

Hace poco tiempo leí un artículo (y no es la primera vez que leo algo similar)  en el que se aseguraba que la principal diferencia entre ambos es que no se dedicaba el mismo tiempo al asunto encomendado. Y este Despacho, no puede estar de acuerdo con ello.

No creemos que la diferencia radique en si el caso es de oficio o es de pago, sino mas bien en si se es buen o no profesional, lo cual es bien distinto.

El razonamiento es simple, la mayoría de abogados, empiezan su carrera profesional desde abajo. El turno de oficio se convierte en la herramienta perfecta para adquirir experiencia y lo que es más importante, para adquirir un nombre, una reputación. Y consecuentemente también, se convierte en una buena fuente de ingresos, si no presente, a largo plazo, ya que, cada asunto bien gestionado terminará bien seguro con un cliente fiel. Un cliente que la próxima vez que  tenga necesidad de solventar un conflicto judicial o a meros efectos de prevención, querrá contar con nuestro soporte.

Así mismo, el tiempo dedicado a un cierto asunto depende de otros muchos factores como es su propia complejidad. No será nunca lo mismo un asunto penal en el que lo que está en juego son 15 años de prisión que un asunto civil en que lo que está en juego es el pago de  una deuda liquida y vencible.

Por ello no nos gusta generalizar, y si bien es cierto que existen excepciones, la gran mayoría de abogados inscritos en el turno de oficio, lo hacen por vocación. Otros muchos por necesidad económica, y claro está que en este último caso, si no se ofrece un buen servicio, si no se soluciona o al menos se intenta solucionar el problema al justiciable con toda la diligencia debida, esa fuente de ingresos se verá afectada, por no hablar de las posibles infracciones deontológicas en las que se puede incurrir por una mala defensa, sea por falta de dedicación sea por la razón que sea, y por ende, se verá afectada nuestra  reputación.

La única pega que tal vez encontremos, en determinados asuntos, por ejemplo, cuando lo que tiene que plantearse en una acción de Divorcio (sin medidas provisionales) o la reclamación de una deuda o una acción de desahucio por citar algún ejemplo, es la tardanza  en la gestión del expediente de asistencia jurídica gratuita que no siempre, es acorde con el tiempo que esperan los justiciables. El ciudadano que quiera abogado de oficio deberá demostrar adecuadamente que no dispone de medios suficientes para contratar a uno privado, lo cual implica que tiene que aportar una serie de justificaciones de su situación. Las comprobaciones pertinentes son lo que a veces, retrasan el inicio del trámite judicial.

Por último recordar que hay supuestos concretos en los que independientemente de los recursos económicos, se tiene derecho a la asistencia jurídica gratuita. Por citar algún ejemplo: víctimas de violencia de género, menores de edad o víctimas de terrorismo.

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